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Porsche Cayenne Transsyberia: nacido para correr

Desde hace unos años atrás Porsche comenzó un proyecto de competición para clientes que se llevo a cabo con el modelo en el desarrollo del Cayenne S Transsyberia. El equipo español que participó cuenta cómo vivieron la experiencia de las carreras con el Cayenne.

Porsche se lanzó a la aventura de participar en el Rallye Transsyberia con el Cayenne en el año 2006. En esta competición deportiva, solo podrán participar coches de serie, lo que se planteó como una buena oportunidad para demostrar la confianza y el carácter deportivo del SUV de la marca.

Fueron dos Cayenne S de fábrica, con apenas algunas modificaciones, los cuales tomaron la salida. En el primero iban el ingeniero de Porsche Jürgen Kern y su copiloto ruso; el segundo lo tripulaba un equipo hispano alemán: Carles Celma y Wolf-Hendrik Unger. Los dos coches competían en la categoría 1C, únicamente autorizada a los vehículos de pasajeros con mecánica de gasolina superior a cuatro litros de cilindrada.

La primera impresión con esta dura prueba de más de 10.000 kilómetros salió como todos deseaban, pues los dos Cayenne terminaron con el puesto primero y segundo en la clasificación general. La respuesta de esta competición por parte de Porsche fue un mensaje inequívoco a la dirección, ya que el fabricante de coches deportivos amplió su programa de competición para clientes al incluir una serie exclusiva limitada de 26 unidades, conocida como Cayenne S Transsyberia. Llevado a cabo en la planta de Leipzig a partir del Cayenne S y se optimizó para la participación en rallyes de larga distancia.

En Moscú fue la segunda convocatoria, desde allí se atravesó Siberia y se terminó en la capital de Mongolia, Ulán Bator. En torno a 6.200 kilómetros a recorrer por carreteras abiertas al tráfico, pistas de tierra, caminos rotos, ríos y desiertos. Poniendo a prueba a los copilotos en su conducción. Especialmente en las zonas trialeras, permanecerá en manos de los pilotos, son ellos quien deberán afrontar las dificultades e ir lo más rápido posible sin olvidar que manejaban coches de serie y no de carreras.

Durante esa época Cayenne eran la mayoría de ellos sobre el terreno y volvió a haber representación española. El “spanish team” lo formaban el piloto Pau Soler y la copiloto Laia Peinado. Tras una carrera con paso firme y decidido, pero sin asumir riesgos, terminaron quintos. Eso le dio pie al equipo a querer ir un paso más allá en la edición de 2008, en la que consiguieron cruzar la meta en segunda posición. 

El siguiente protagonista

El Cayenne S Transsyberia fue el siguiente protagonista de la competición. En 2007, el Cayenne de primera generación (E1) acababa de recibir su primera remodelación que, en el caso de la versión S, implicaba un propulsor más potente, con mejores prestaciones y menor consumo de combustible, y la del sistema PDDC (Porsche Dynamic Chasis Control) con dos barras estabilizadoras activas.

El motor V8 4.8 viene de serie, y contiene 385 CV y ​​500 Nm de par, este se asociaba al cambio automático Tiptronic S de seis velocidades que, como comenta Pau, siempre lo usaba en modo manual durante el rallye. Como el resto de los modelos equipados de la gama Cayenne, el Cayenne S Transsyberia también estaba con el sistema de tracción integral Porsche Traction Management (PTM). Lo normal es que el PTM ejerza el 62 % de la fuerza del motor al eje trasero, es decir la mayoría, y el 38 % restante al delantero. 

Parecido al modelo de serie, el Porsche Cayenne S Transsyberia contaba con las modificaciones necesarias para garantizar la seguridad en la competición. En el apartado mecánico, la transmisión de grupo corto, que reduce la relación final, ayudaba a mejorar la aceleración en la arrancada y las recuperaciones en el resto de marchas. 

La suspensión del Cayenne también se modificó para poder llegar a las exigencias de las pistas más duras. En este apartado destaca el doble brazo del eje delantero, que vio incrementado su grosor en 34 mm para obtener una estabilidad extra. El paquete de elementos enfocados a mejorar las prestaciones offroad, destaca el bloqueo de diferencial específico, los neumáticos para uso extremo fuera de la carretera y los refuerzos para los bajos de la carrocería.

El modelo Todoterreno en concreto disponía de la suspensión neumática, la máxima profundidad de vadeo era de aproximadamente 75 centímetros. Para alcanzar esa cifra, tanto la carrocería como las puertas estaban selladas por todas partes, incluso hasta las ventanillas laterales, para evitar que el agua pudiera entrar en el habitáculo. Además, utilizando un  snorkel , la entrada del aire de admisión se hizo por el techo del vehículo, garantizando que forma al atravesar ríos no entrerá el agua en ningún caso al colector.

El modelo Transsyberia contaba con una jaula de seguridad en el interior, por temas de soporte. Para compensar el peso extra de este elemento de protección, así como el que aporta el equipamiento propio para un rallye, se eliminaron del habitáculo los asientos traseros, los paneles de carrocería interiores y todo el material del equipo de sonido. Estas medidas cumplían una doble función, pues no solo hacían el coche más ligero, sino que ayudaban a bajar el centro de gravedad.

El interior

Los asientos eran tipo baquet con arneses de seguridad, tapizados en cuero y Alcantara, que lograban una sujeción perfecta en toda circunstancia, cuidados los detalles al milímetro, a pesar de que limitaban los movimientos de los ocupantes. Por ejemplo, el selector de tracción pasó de estar sobre el túnel de transmisión a integrarse en la parte superior de la consola central al igual que utilizando un interruptor central colocado entre los dos asientos, tanto el conductor como el copiloto pudieron acceder a la puesta en marcha y el apagado de los equipos eléctricos, en una rápida maniobra para reiniciar todo el sistema, incluso movilidad tripmaster, esta permitía al navegante calcular las distancias exactas de la ruta.

Detalle offroad 

El Cayenne S Transsyberia estaba disponible en dos colores, Negro Basalto metalizado y Plata Cristal metalizado, que combinaban con el naranja presente en las llantas, los retrovisores, el alerón, las tomas de aire delanteras y los emblemas de la parte inferior de las puertas.

Preocupados por conseguir la mayor eficacia en la conducción incorporaron fuera de carretera cuatro faros adicionales sobre el techo y un cabestrante de fácil colocación para poder salir de apuros o socorrer a otros vehículos. Completando la equipación con dos tiendas de campaña, dos esterillas con aislamiento térmico, una eslinga de nueve metros de longitud, una azada plegable, un hacha, una linterna, cuatro barras de remolque y un juego de herramientas completo.

El equipo

El piloto español Pau Soler cuenta a Porsche Newsroom cómo fue el nacimiento del Cayenne S Transsyberia y cuáles fueron sus aventuras durante las ediciones de 2007 y 2008 del rallye que lleva el mismo nombre. 

“En aquel momento Porsche necesitará un vínculo entre el Cayenne y la competición. Por eso participaron en este rallye. Se fabricaron 26 unidades del Cayenne S Transsyberia, que se repartieron entre distintos mercados. Tuvimos la suerte de tripular el coche del equipo español”, comenta Pau.

“El coche era prácticamente un modelo de calle y al principio había cierto escepticismo. Algunos pilotos profesionales esperaban que no iba a dar la talla. Sin embargo, vimos que sin arriesgar mucho podríamos hacer un buen papel. Y así fue: en nuestra primera participación, en 2007, terminamos quintos. Así que el año siguiente pedí permiso para tomar riesgos. Ahí apretamos un poco más, ganamos algunas etapas y, aunque no pudimos conseguir la victoria, terminamos segundos”.

El español recuerda que había algunas etapas cortas y muy técnicas, que él mismo califica “como de Camel Trophy”, en las que se hacían medias muy bajas. Y una vez cruzó la frontera de Mongolia, las etapas fueron más largas y con mucha navegación. “Había que ir muy fino para no caer en algunas trampas”, dice.

Cuando se le pregunta por lo más difícil y lo que más disfrutó de sus participaciones en el Rallye Transsyberia, Pau lo tiene claro: “Lo más complicado para mí fue adaptar mi ritmo al coche. Hubo quien no entendió que iba en un vehículo de serie y no terminó la carrera. Tienes que aprender a gestionar esto. A veces tocaba pasar despacio para no pinchar o no poner al chasis en apuros. Respecto a lo mejor, lo cierto es que con la navegación tuve la gran suerte de contar con un gran copiloto, mi compañera Laia Peinado, que merece un gran reconocimiento porque gracias a ella conseguimos ganar muchos puntos. En algunas etapas lo bordó y llegamos en primera posición”.

 

 

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