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Prueba Aston Martin Vantage AMR: vuelta a los orígenes

Conducción pura con tres pedales y la Sierra de Ronda por delante. De este Aston Martin Vantage AMR con cambio manual tan solo se han producido 200 unidades y nosotros hemos probado la primera de todas. Sin duda, la pieza más codiciada de la colección.

Cuando los coches modernos se ponen a prueba, se nota que hay un aspecto puro de conducción que se ha perdido. Hace tiempo, había un carácter definitivo heredado de una gran época, de cuando los coches de carreras solo permitían un sentido temperamental de control.

La manera en que una máquina amenazaba con llevarte a un final violento si no fuera por tu determinación de acercarte lo más posible a él. Un aspecto arcano, no fácilmente identificable, que ha sido tamizado. A pesar de eso, siempre sabrás cuándo lo encuentras.

La pureza que define al Aston Martin Vantage AMR

Lo más importante para entender el Aston Martin Vantage AMR es saber que un coche muy capaz no significa que va a ser divertido. Aun así, el nuevo Vantage me dejó impresionado tras leer sus especificaciones.

El V8 biturbo de 4.0 litros de Mercedes-AMG, uno de los mejores motores jamás desarrollado, viene instalado detrás del eje delantero y genera unos 510 CV de potencia. Gracias a distribución variable, geometrías de turbo variables y otras tecnologías, el motor M177 es uno de los más avanzados del mundo. Dispone de su par máximo de 625 Nm desde las 2.000 revoluciones, y se estira rápidamente hasta las 7.000.

Diseñado para aprovechar una compresión alta (10,5:1), su respuesta es mucho mas rápida que otros motores que dependen más del turbo para dar potencia. Su caja de cambios manual de siete velocidades va montada en el eje trasero para mejorar la distribución de peso, y se fabrica a mano en Inglaterra por la empresa veterana Graziano. Además, la nueva tecnología AMSHIFT permite cambios suavísimos, tanto subiendo como bajando marchas… ¡Incluso mientras se mantiene el acelerador a fondo!

Los frenos de carbono son de serie en este modelo, y miden 410 mm delante y 360 mm detrás. Entre su mecánica nueva y su chasis de aluminio único –que merece su propia descripción–, el AMR rebaja su peso unos 95 kilos comparado con el modelo “estándar”. En nuestras escalas pesa 1.560 kilos con el depósito a la mitad de su capacidad. De 0 a 100 viene y va en tan solo 4 segundos, y sube rápidamente hasta su velocidad máxima de 320 kilómetros por hora.

Cuando lo vi por primera vez, hace unos años en Ginebra, el Vantage me hizo dudar si la belleza de verdad era subjetiva. La sencillez de su diseño es algo apenas visto entre los coches modernos, y no lleva ni una línea innecesaria. Al arrancar el motor, el escape suena a truenos y relámpagos y tu asiento automáticamente empieza a ponerse en la posición de conducir. Es como una nave espacial.

Una de las primeras cosas que hice con el coche era llevarlo a un túnel cerca de mi casa para escuchar la subida del motor. El sonido es feroz, pero al mismo tiempo más sofisticado y estilizado que un V8 americano, por ejemplo. Dentro de la cabina se escucha todo; el silbido de los turbos, el giro de las marchas y el gruñido del escape. Es como estar dentro de un coche de GT4 (hablo por experiencia). Aun así, dado que la carretera está en buenas condiciones y bastante lisa, es hasta cómodo para viajes cortos.

El diseño del interior es más complejo y funcional comparado con el exterior. El cuadro de mandos y la pantalla central aprovechan la tecnología de Mercedes-Benz de la generación anterior, que sigue siendo muy buena.

Los botones y controles son sencillos y no actúan como una distracción para el conductor. Más que eso, cada elemento del coche ha sido configurado para recalcar el “evento” de conducirlo. Uno se sienta con los pies muy altos y con la espalda muy inclinada hacia atrás, y a la vez da una sensación de seguridad y estabilidad.

La posición del conductor esta calibrada de tal manera que no estás sentado “encima” sino dentro del coche. Las ventanas son muy estrechas y bajas, y la consola central se ha colocado muy alta para crear una sensación de cabina de piloto. Incluso circular por cuidad se convierte en una ocasión especial.

Una experiencia increíble

Durante mi tiempo con el coche, no podía esperar hasta que llegaran las mañanas de sábado y domingo, cuando las rutas de montaña y peajes estaban vacías.

Me encanta como se conduce. Su paso por curvas es muy natural –el coche no se siente forzado en ningún momento–. Cuando optamos por el modo “Sport”, el comportamiento del coche, más o menos, cuadra con su diseño –elegante y sometido–. Pero su hermosura esconde un carácter agresivo y hasta desalmado. Subiendo al modo “Track”, el conductor ya tiene a su disposición la máxima potencia.

La temperatura del aceite pasa por encima de 110º, y eso hace que la mecánica comience a cambiar. Se lanza hacia la línea roja del tacómetro. Se siente más rápido. La dirección y la respuesta del motor son vivos y rápidos, pero nunca nerviosos. Cobra vida en todos los sentidos de la palabra. Podría usar cien comparaciones y decir que sigue las curvas como el pincel de Miguel Ángel… pero, ¿para qué sirve eso?

Hay que sentirlo para saberlo. Lo mejor de este coche no es su rendimiento ni su diseño, es sentir que se quiere divertir igual que tú. Es saber que siempre está a tu lado.

Con lo dicho, es verdad que hay cosas que no son tan buenas en este automóvil. Como la caja de cambios que, al estar tan lejos de su palanca, hace que sufra la calidad del cambio. Hay que calentar la caja de cambios para que se ponga un poco más suave, y eso puede tardar hasta 20/30 minutos si no vas rápido.

Aston Martin Vantage AMR

Otras cosas que me gustaría saber son la presión del aceite o la temperatura de escape, pero no hay manera de verlo.

Después de mil kilómetros al volante de este Aston Martin, la conclusión no puede ser más sencilla: este coche es uno de los mejores ejemplos de la pureza de conducir. Un coche tan carismático y agresivo como un Ferrari 250 Lusso (he tenido la fortuna de probar uno), pero modernizado para la nueva generación.

Demanda empeño y esfuerzo por parte del conductor, porque el margen de error en el límite es muy pequeño. Más que nada, el coche aporta y exige cierta medida de responsabilidad a su piloto. En un mundo donde hay mucho fuera de nuestro control, el Aston Martin Vantage AMR es diferente.

Texto por: Ramiro Fernández

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